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El Mundo - 09/05/2018   23:19

Las protestas vuelven a las calles de Nicaragua y aumenta la presión

Los ciudadanos volvieron a salir a las calles para pedir justicia por los jóvenes asesinados en las protestas de abril Los detractores de Daniel Ortega no ceden en su presión contra el gobierno sandinista


Miles de opositores han vuelto a salir a las calles de la capital y de varias ciudades del país, como Matagalpa y Chinandega, para repetir las mismas demandas que pretenden llevar a la Mesa de Diálogo: justicia para el medio centenar de jóvenes asesinados durante la represión de las protestas de abril, democratización de las instituciones, cese de la violencia, libertad de información e, incluso, el adelanto de las elecciones.

Las consignas de casi toda la vida, como "El pueblo unido jamás será vencido", volvieron a escucharse por tercera vez en 16 días, proferidas por opositores, estudiantes, sociedad civil, grupos de campesinos llegados desde el interior y periodistas, que en las horas previas denunciaron agresiones y censuras informativas. La rebelión popular cumple tres semanas, desde el día que un grupo de estudiantes tomó una rotonda en Managua para protestar por la reforma del seguro social impuesta por el gobierno.

El tamaño de la concentración sorprendió incluso a los propios cabecillas de las protestas. La marea azul y blanca, colores de la bandera nacional, volvió a imponerse a las banderas rojinegras del sandinismo. "Creo no equivocarme al decir que esta es la marcha más grande y multitudinaria que se ha visto en Managua en toda su historia", dijo la escritora Gioconda Belli, quien militó en el sandinismo hasta mediados los '90 y ahora es una dura crítica de la deriva orteguista. "El pueblo presidente quiere negociar los términos de la rendición de los que abusaron de su poder", sentenció la poetisa, una de las autoridades morales del país junto a Sergio Ramírez, premio Cervantes y vicepresidente sandinista tras la revolución del '79.


Poco importó a los protestantes que el oficialismo convocara a su vez su propia contramarcha, a semejanza del chavismo en Venezuela , a la que llamaron "cantar por la paz y el cariño". El sitio elegido por el gobierno fue otra vez en las cercanías de la rotonda Hugo Chávez, donde se levantan dos de los símbolos actuales del orteguismo: la gigantesca imagen del líder bolivariano y cuatro "árboles de la vida" (una tonelada de hierros y 10 metros de altura), cuya "siembra" fue ordenada por Rosario Murillo, vicepresidenta y mujer de Ortega. Otro de los inmensos "arbolatas", como les llaman en Nicaragua, fue arrancado por los manifestantes.

El gobierno sandinista ha clonado el mismo discurso que Nicolás Maduro exhibió en 2017 durante las protestas antigubernamentales, que costaron la vida a cerca de 150 jóvenes: los violentos son quienes se manifiestan y el gobierno es quien promueve la paz y el diálogo. "Nicaragua ha sufrido mucho y seguirá sufriendo si no cambiamos, si recurrimos a la violencia. Hagamos la paz", insistió Murillo en una de sus constantes irrupciones televisivas.

Algo que no comparte en absoluto la influyente Iglesia Católica. Monseñor Silvio José Báez, arzobispo auxiliar de Managua, ha vuelto a liderar hoy la protesta. "¡Viva Nicaragua!", exclamó en sus redes sociales tras asegurar que "Nicaragua [volvió] a la calle por la justicia y la democratización del país".

 


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